lunes, 19 de marzo de 2012


BROCHETA DE CARNE.

José Luís era la clase de persona que buscaba ampliar su mente con el fin de obtener el “ver” verdadero, pero cansado de intentar alcanzarlo por medio de meditaciones y dietas especiales decidió tomar un “atajo” y meterse un poco con su quimica cerebral.

Su amigo el mona le había dicho donde podía conseguir sustancias que le “mierdearan” el cerebro, pero le advirtió que no eran baratas y que a lo mejor se quedaba tonto, pero a José luís no le importo esto, pues el se sentía apto física y mentalmente para emprender un viaje interior utilizando como guia cualquier psicotropico que le ofrecieran. Esa noche se acerco al señor que vendía burritos en una hielera, cerca del parque que estaba a unas calles de su casa y con voz tímida le dijo:

-buenas noches, ¿me vende una droga por favor?
-yo nomas vendo burritos chavalo pendejo- le contesto el señor haciéndose el ofendido.
-ni de pedo le creo eso, pinches burritos feos, mas bien vende bolis de picadillo y de frijoles!, ya no se haga, el mona me dijo que usted vendía drogas.
-¿asi que eres amigo del mona?, me hubieras dicho antes! - el vendedor se abrió el abrigo que traía puesto, en la parte interior de este tenia varios bolsillos en los cuales guardaba su mercancía.
-¿No manche porque anda encuerado?- le dijo el chupe notando su desnudez
-pues porque hace un chingo de calor como para andar usando abrigo, además si gustas también te puedo rentar mi brocheta de carne.
-a lo mejor otro día, deme pues una droga.
-¿Que es lo que quieres?
-Pues una droga imbécil! ¿Apoco cree que estoy aquí viéndole la chirula de a gratis?
-A que chavalo mamón, ¿que de cual droga quieres?
-Mire, yo no soy ningun pinche drogadicto, yo soy un hombre muy espiritual y deseo algo que me expanda la mente.
-Chavalo joto, mira te puedo vender peyote, es lo que usan los pinches tarahumaras en sus fiestas haya en las cuevas.
-Andele pues, deme 10 pesos de peyote y un sobresito de salsa valentina para que no me sepa tan feo.
-Te cuesta 600 pesos el paquetito.
-No mame! Como tanto! De una vez rayemela pinche viejo carero!
-!Ese es el precio y si quieres! Decidete pronto que ya se me esta encogiendo el salami.

Sobra decir que José Luis no contaba con el dinero para pagar, pero su deseo por consumir el peyote fue mas que su orgullo y solo diré que desde esa noche ya no se puede sentar bien.


Continuará....

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